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domingo, 11 de septiembre de 2016

Todo sobre el autor de "Tristan e Isolda": Joseph Bédier


La historia del amor "involuntario, irresistible y eterno" de Tristán e Isolda, que se prolonga durante toda la vida e incluso después de la muerte, atrajo con fuerza, ya desde sus inicios, a quienes la escucharon. El destino trágico de aquellos dos amantes encadenados de por vida cautivó tan hondo, que de nada valieron las reconvenciones ni los reproches de los predicadores. La historia sobrevivió con fuerza, y su presencia se hace visible aún en nuestros días. De la multiplicidad de versiones originales francesas que se ocuparon de la historia, ninguna sin embargo ha llegado completa hasta nuestros días. El extraordinario romanista que fue Joseph Bédier reconstruyó con sabiduría y precisión, a partir de los fragmentos conservados, la historia de los dos desdichados amantes. Hoy nos llega con el aliento de su primer día, y nos deja un hondo y duradero recuerdo.

El nombre de Joseph Bédier pasará a la posteridad, muy probablemente, junto a la hermosa historia del Roman de Tristán e Isolda, pero también como uno de los romanistas más influyentes del siglo pasado, que dedicó su vida al estudio de las obras más relevantes de la literatura francesa medieval, convirtiéndose en un maestro en el arte de la edición de textos antiguos bajo cuya estela se formaron otros célebres filólogos. Hombre profundamente crítico y desapasionado, entre sus obras destaca la edición de la Chanson de Roland, así como los diversos estudios dedicados a la épica medieval y a las cuestiones relacionadas a los orígenes de las obras cumbre de la literatura francesa antigua. Su vida, como su carácter, y a pesar de haber sufrido de lleno la experiencia de una guerra mundial, se caracteriza, sin duda, por un conformismo y un patriotismo sin fisuras, por un respeto por la tradición y los ancestros que su mismo padre se encargó de inculcarle. Si su maestro, Gaston Paris, fue el padre de la disciplina filológica en Francia y vivió los años más heroicos de la misma, la trayectoria vital y profesional de Bédier encarna su definitiva institucionalización. 


Bédier nació en París, pero pasó toda su infancia y adolescencia en la tierra paterna, la isla de Bourbon, hasta que, en 1883, con diecinueve años, ingresó en la École Normale en la que permaneció hasta su graduación. Parece ser que durante esta primera etapa de su formación, Bédier, cuyo talante le hizo ganarse un gran número de amigos que conservaría durante toda su vida, supo aprovechar sus años de juventud en la tumultuosa París. Como expresó púdicamente en una ocasión su esposa Eugénie, "vivió la vida de estudiante".

Una vez superados sus estudios en la École Normale, su curiosidad juvenil y la veneración que sentía por la figura de Brunetière le llevaron a pensar que su carrera no se encontraba en la enseñanza secundaria sino en el mundo académico. Deseoso de aprender más cosas de las que la École Normale le había enseñado, se dedicó a asistir a las conferencias ofrecidas por la École des Hautes Etudes y el Collège de France donde conoció al que fue su maestro, Gaston Paris, quien siempre ejerció sobre él una gran influencia y al que siempre veneró. Ya por entonces, su máxima ambición era...
orientarse a través del caos de nuestros textos antiguos, agruparlos según sus afinidades, clasificarlos, remontarse, para cada ley
enda, hasta la forma más antigua conocida... [Les legendes épiques, en EV, 16]

En su afable maestro encontró casi a un segundo padre que nunca tuvo con él ninguna palabra de reproche, ni siquiera cuando el discípulo se dedicó a cuestionar metódicamente algunas de sus teorías, especialmente, como veremos, la de las cantilenas, en su afán por llegar hasta los orígenes de las obras que estudiaba.
Una vez terminados sus estudios, la vida resultaba incierta para un romanista como él. Sin embargo, la recién inaugurada universidad católica de Friburgo se lanzó al reclutamiento de profesores jóvenes. Entre los pocos franceses contratados estaba Bédier. Durante los dos años que estuvo en ella, nuestro biografiado trabajó con la escrupulosidad que le caracterizó durante toda su vida, pero el pesado ambiente católico de la universidad resultaba difícil para su agnosticismo manifiesto en materia de religión que le hicieron presentar, en una ocasión, su dimisión, que fue denegada.
Terminada su etapa suiza, en la que se inicia su carrera investigadora, Bédier regresa a Francia en 1891 para ocupar una plaza en la Facultad de Letras de Caen. El cargo le permite, por fin, y para alivio de su futuro suegro, preocupado por los avatares económicos del joven romanista, contraer matrimonio con Eugénie Bizarelli pocos meses después de su nombramiento. Recién casados, los nuevos esposos se dirigen directamente a Caen donde Bédier debe empezar a dar clases. De los años transcurridos en esa ciudad se sabe muy poco, pero lo más probable es que se dedicara concienzudamente a sus clases y a la redacción de sus tesis doctorales que leyó en la Sorbona dos años más tarde, el 27 de mayo de 1893. Les Fabliaux, su gran tesis, fue la primera obra que le permitió hacerse un nombre en el terreno de la romanística. En esta obra destaca ya la que va a ser una de sus preocupaciones más constantes: el problema de los orígenes. Movido por este afán, Bédier somete a todo el corpus de cuentos estudiados a un atento examen, los clasifica, los compara. Finalmente, llega a una conclusión sorprendente frente a las teorías comúnmente aceptadas: que la tradición es menos rica y variada de lo que se había creído hasta entonces y que los textos más antiguos poseen un fondo común de elementos, dispuestos en un orden constante, que podrían remontarse a un mismo origen.
El año en que publica y lee sus tesis doctorales, Bédier empieza a trabajar en la École Normale como profesor suplente de literatura francesa. Ésta era una facultad de letras pequeña pero con una intensa actividad. Bédier se entrega a su tarea con una devoción recordada con ternura por sus alumnos, casi tan jóvenes como él, a los que supo ganarse a pesar de su timidez y su escrupulosidad. Uno de sus alumnos, A. Henry, recuerda así sus clases:

Lo que más me sorprendía era una aparente timidez y una especie de turbación algo ingenua. Todo el curso estaba escrito y Bédier (ya que no me atrevo a llamarle "el orador") tenía su copia, [leía] sin alejarse jamás de ella, o, en cualquier caso, muy raramente, y sin levantarse jamás de su silla. Sin embargo, uno podía percibir una firmeza sosegada, a pesar de dar la impresión, en ocasiones, de vacilar. [AC, 490]

Bédier se concentró para responder a la exigencia de sus alumnos consiguiendo ejercer una amplia influencia sobre ellos. Éstos significaban mucho para él, y se dedicó a ellos con verdadera vocación. En palabras de su hija,

En aquella época, mi madre le oyó pronunciar en algunas ocasiones estas palabras: "¿Mis alumnos? ¿Qué es lo que no les debo? ¡Son ellos los que me han hecho lo que soy!". Si mi padre veneró y admiró a algunos de sus maestros, amó a sus alumnos y les demostró un reconocimiento distinto, pero probablemente de igual importancia. [AC, 132]
Esta observancia estricta de su propio trabajo, ya fuera en sus escritos o en sus clases, es una de las constantes de su obra y de su vida que coincide, como recuerda Henry, con una dificultad expresiva. Bédier, a diferencia de su maestro Gaston Paris, que sabía engarzar una anécdota tras otra con naturalidad y brillantez, era escritor antes que orador y erudito. Siendo como era un prosista refinado, no sabía explicarse con soltura y, fiel a la escrupulosidad de su carácter, se perdía en el detalle, preocupado siempre por no dejar nada en el tintero. Sin embargo, la escritura no dejaba de ser también, por las mismas razones, una tortura. Bédier escribía igual que hablaba, con lentitud y de manera vacilante, buscando siempre la palabra más precisa, corrigiendo hasta la saciedad, nueve y diez veces si era necesario, en un intento de encontrar la forma precisa para lo que quería expresar. No sorprende en absoluto que sintiera cierta aversión a mantener correspondencia: escribir cartas era un esfuerzo suplementario para una persona que, como él, poseía tan poca disposición para la improvisación.
Esta escrupulosidad, unida a una búsqueda insaciable de la verdad, probablemente heredada del mismo Gaston Paris, le llevaban a no aceptar nada que no hubiera comprobado personalmente, ni siquiera las tesis de los maestros a los que tanto veneraba. Esto no significa que fuera una persona arrogante, sino todo lo contrario. Bédier se formó en la tradición literaria y reconocía sus carencias en los demás campos, incluido el de la historia medieval. Este hombre profundamente respetuoso y cortés con sus maestros era, sin embargo, meticuloso hasta el punto de no creer en nada que no hubiera analizado previamente.

A pesar de su concentración en la labor docente, Bédier supo encontrar tiempo para publicar diversos trabajos en Romania y en la Révue de Deux Mondes, alentado por Gaston Paris y Brunetière. Sin embargo, la fama y el reconocimiento definitivos le llegan con la publicación del Roman de Tristan et Iseut (1900), una historia que, hasta aquel momento, era desconocida para el gran público francés. Las divergencias que existían entre las dos versiones conservadas, la de Gottfried de Estrasburgo y la de Béroul, le llevaron a escribir, para su propio placer e intereses, "un poema francés del siglo XII compuesto a fines del XIX" [FL, 10], según las propias palabras de Gaston Paris en el prólogo. En las investigaciones previas a su reescritura del roman sobre los dos amantes medievales se reproduce la preocupación de Bédier por dar con los orígenes de una leyenda así como la búsqueda insaciable destinada a descubrir la forma en que ésta fue fijada para la posteridad. Al mismo tiempo, Bédier se propone rescatar la leyenda del wagnerismo de que ha sido objeto, en un intento por devolverle su esencialidad francesa. Se trata, en el fondo, de una misión patriótica, que enlaza perfectamente con el carácter de la obra del filólogo. Así, desde un punto de vista científico, Bédier se esfuerza por desentrañar y demostrar que las leyendas artúricas son originarias de Francia, lo que le lleva a privilegiar el texto de Béroul, algo que está en la línea de sus trabajos en la edición de textos. En esta obra se funden, necesariamente, el filólogo y el poeta. Gracias al primero, el segundo puede trabajar con un texto reconstruido a partir de las variantes y las concordancias de las versiones más antiguas conservadas de la leyenda, con un texto lo más parecido posible al que estableció la leyenda originaria. Alentado por el éxito y por un primo suyo, Louis Artus, Bédier escribió, treinta años más tarde, una adaptación teatral del texto que no satisfizo, sin embargo, las expectativas del autor. A pesar de todo, el Roman de Bédier sin ninguna duda ejerció una gran influencia en la imagen que la modernidad se ha hecho de la Edad Media.
El Tristán supone también, a nivel estrictamente personal, el punto culminante de esta etapa de la vida de nuestro biografiado, en la que, además, vio nacer a sus tres hijos: Louis, Jean y Marthe, su preferida, apodada "Bebé".
En 1903, el rápido desarrollo de la Sorbona hizo incompatible la existencia simultánea de dos facultades de letras, y la École Normale, más pequeña y cada vez más absorbida por la anterior, acabó por cerrar sus puertas. Ese momento coincide con la muerte de Gaston Paris que dejó vacantes sus plazas en la École des Hautes Études y el Collège de France. La sucesión se presentaba difícil y después de barajarse diversos nombres, Bédier fue elegido para el Collège y Mario Roques ocupó la vacante de la École. Se cerraba una etapa y se abría una nueva, probablemente la de máximo apogeo de su carrera, en la que Bédier se especializa definitivamente.
Durante los treinta años que pasó en el Collège, Bédier fue un hombre feliz. En 1903 y en 1913, gracias a la influencia que ejerció sobre antiguos alumnos americanos, fue invitado por diversas universidades y centros estadounidenses para dar en ellos una serie de conferencias que supusieron un gran éxito a nivel profesional y personal. Para él, ésta era una espléndida oportunidad para poner de manifiesto el estado floreciente de la medievalística en Francia, después de un largo periodo de influencia alemana. Su profundo sentimiento patriótico se enorgullecía con esta misión
Nuestra influencia aquí está dominada de una manera desproporcionada por la influencia alemana; y resultará fácil, con un poco de buena voluntad y de espíritu, cambiarlo, hacer que Francia tenga también su cometido en el mundo americano. (...) En Francia ignoramos totalmente los medios verdaderos para servir a nuestro país. (...) Siento que mi país descuida, por falta de información, los campos de influencia que debería explotar provechosamente. Y creo que podría, a mi regreso, trabajar para hacérselo entender. [AC, 308]
Porque Bédier era, por encima de todo, un patriota a ultranza y un republicano en política. Durante aquellos años tuvo lugar el escándalo del caso Dreyfus y nuestro autor se situó en el bando de los dreyfusardos, aunque de una manera discreta. Durante mucho tiempo asistió periódicamente a las tertulias sobre política que se celebraban todos los jueves en el salón de la marquesa Arconati-Visconti. La marquesa, de origen francés y viuda de un rico marqués italiano, heredó una gran fortuna que utilizó para financiar a la Sorbona y al Collège de France, generosidad que hizo extensiva también a Bédier. Relacionada, pues, con el ambiente artístico, intelectual y político de la época, su célebre salón gozaba de la presencia de importantes personajes de la época. El mismo Dreyfus era habitual de estas reuniones. Las opiniones del romanista acerca del caso son claramente patrióticas:

La gran lección de moralidad de la que habláis, Francia ya la ha recibido durante la saludable crisis de estos últimos años. Me atrevería a decir que ha dado esa lección todavía más de lo que la ha recibido, puesto que, ¿qué otro pueblo además del nuestro habría encontrado a tantos hombres dispuestos a sacrificar sus vidas o su pan para liberar a un inocente? [carta a la marquesa Arconati-Visconti, enero de 1904, AC, 329]

En cierto modo, Bédier manifiesta su republicanismo del mismo modo que su agnosticismo: siempre dentro de los parámetros de la tradición. Comenta con cierta ironía F. Lot que, para él, un matrimonio civil era como un pecado contra la sociedad y que, si bien escribió sobre los amores de Tristán e Iseo, habría negado tener trato alguno con una pareja que vivía en un estado tan "irregular". De la misma manera, sus tendencias políticas estaban también matizadas por su carácter conformista: a diferencia de muchos de sus contemporáneos nunca se sintió atraído por la práctica política; a pesar de tener tratos con socialistas, nunca lo fue y sentía antipatía por el marxismo. En general, no se sentía demasiado cercano a un partido político determinado. Eugène Vinaver, un alumno suyo, le definía así:

En la época en que le conocí, al igual que en sus inicios, ciertos espíritus superficiales le creían falto de originalidad. Él aceptaba el mundo tal como era, y Francia tal como era, sin interrogarse jamás acerca de los grandes problemas que agitaron a los hombres de su generación. Jamás se interrogó sobre la sabiduría y la bondad del universo civilizado. Parecía decir: "Todo lo que se hace en Francia está bien porque es francés; no está bien llevar la contraria.". [AC, 499]

Este conformismo de carácter nacional es extensivo a su desinterés por otras literaturas fuera de la francesa. Para él, respetuoso con las glorias establecidas, la literatura francesa se bastaba a sí misma. En lo que se refiere a su apariencia externa, Ferdinand Lot le define como un "gentleman" de los pies a la cabeza. Y así era. Las maneras externas le preocupaban sobremanera hasta el punto de tomar en consideración a un alumno por la exquisitez de su educación antes que por sus conocimientos de gramática. Era de trato afable y cortés, correcto en todo momento. Su aspecto exterior se correspondía perfectamente a sus maneras, y siempre vestía como si estuviera a punto de salir a la calle.
Como resultado de sus clases dedicadas a los cantares de gesta nace otra de sus grandes obras: Les legendes épiques (1908-1913). Lo que inicialmente no era más que un examen de los textos con la finalidad de explicar la formación de algunos ciclos épicos, terminó por convertirse en un cuestionamiento de una teoría tan reconocida como la de las cantilenas de Gaston Paris. Él mismo la había aceptado durante muchos años, hasta que los cursos que dio sobre cantares de gesta en el Collège le hicieron profundizar sobre el tema ante las dudas que iban apareciendo a propósito de los orígenes de estas composiciones y movido por una búsqueda obsesiva de la verdad. Su intención no era la de contradecir, ni mucho menos, a su maestro.
Yo no lucho contra esa teoría. (...) Únicamente intento verificar cuáles son los personajes verdaderamente históricos de los cantares de gesta, los testimonios de los acontecimientos verdaderamente históricos. Me parece evidente que, valiéndose de la teoría general de las cantilenas, se han admitido demasiadas identificaciones arbitrarias. [carta a Ferdinand Lot, 2-3-1906, en FL, 46]

La teoría propuesta por Bédier en Les legendes épiques supone uno de los descubrimientos más audaces en el mundo de las letras. Según ésta, los cantares de gesta que relatan las luchas de la época carolingia no son contemporáneos de los hechos que relatan sino que fueron escritos en el siglo XI. Esta teoría da al traste con la teoría popularista de Gaston Paris que defendía que los cantares de gesta son fruto de la compilación de las canciones lírico-épicas compuestas inmediatamente después de una batalla. Según Bédier, los cantares de gesta nada deben a un pasado como éste sino que son obras compuestas por poetas conscientes de su arte. Así nace la teoría individualista y, con ella, la polémica a la que hay que añadir la causada por la publicación de su edición de Le Lai de l'Ombre (1913), que revolucionó el terreno de la edición crítica de textos, dando lugar a lo que hoy conocemos como "bedierismo" cuya divisa máxima es la identificación, entre los diversos manuscritos conservados de una obra, del mejor testimonio que pasa a ser, en cierta forma, el "codex optimus". Las tesis bedieristas para la edición crítica de textos se enfrentan claramente a la teoría lachmanniana que triunfaba en ese mismo momento. La controversia que se suscitó fue enorme pero Bédier no se dejó llevar por la polémica y no respondió inmediatamente a las críticas, aunque no por falta de interés. Polemizar se le hacía fatigoso, entrañaba una gran pérdida de tiempo, y él era prácticamente incapaz de dividir sus esfuerzos en diversos frentes. Afirma Lot que, además, Bédier no sentía un interés especial por su obra, una vez la había publicado.

Cuando en 1914 estalla la guerra, la situación cambia por completo. Su auditorio en el Collège de France se dispersa y las clases se suspenden. Bédier desea enrolarse pero su petición es denegada a causa de su edad y pasa al servicio de enfermería, por poco tiempo. Su visión de la guerra es la de un patriota convencido y optimista de la victoria, que observa, con ojos infantiles, el espectáculo.

Veo continuamente el sublime espectáculo de los trenes militares que se dirigen a la frontera. El canto de la Marsellesa los llena, así como la alegría y la confianza. Una armada tan hermosa, tan llena de fe patriótica, vencerá. [carta a la marquesa Arconati-Visconti, 22-8-1914, en AC,425]

Insatisfecho de su puesto como enfermero, decide buscar otra manera para servir a su país y pone a disposición del Estado Mayor sus conocimientos de alemán para servir al Ministerio de la Guerra. Allí le entregan los diarios de los soldados alemanes muertos que son la base de dos libritos claramente patrióticos: Les crimes allemands, d'après les témoignages allemands y Comment l'Allemagne essaye de justifier ses crimes. Sobre la redacción de este encargo tenemos noticia gracias a la correspondencia mantenida con la marquesa de la que destaca, como no podría ser de otra forma, un patriotismo desmedido. En una carta dirigida a la marquesa afirma, incluso, que estos dos libritos le reportan mayor orgullo que Les legendes épiques!

Las obligaciones de Bédier con el Ministerio de la Guerra le mantuvieron alejado de la docencia hasta 1920, año en el que ingresa en la Académie française, sustituyendo a Edmond Rostand. Éste fue uno de los muchos honores y menciones que le fueron dedicados a lo largo de su vida, y no sólo en Francia. Él los recibía con sencillez: "una condecoración más. Me siento halagado" [FL, 14]. Con la llegada de la paz, sus admiradores esperaban con expectación que dedicara sus esfuerzos a algún tema nuevo. Sin embargo, no fue así. Renunció a tratar sobre lírica y dejó la problemática de la influencia de la literatura latina a su amigo y compañero Edmond Faral. Por el contrario, anunció nuevos cursos sobre la Chanson de Roland, centro de Les legendes, que provocaron una desilusión general. ¡Otra vez un trabajo sobre épica! Sin embargo, de esos cursos acabó por salir una nueva edición de la obra que publicó en 1922, continuando con la línea iniciada en la edición de Le Lai de l'Ombre y de acuerdo con su polémica teoría individualista.
La minute sacrée o el poeta, explotanto quizás alguna tradición frustrada, concibió la idea del conflicto entre Roland y Olivier. La Chanson de Roland podría no haber existido: EXISTE PORQUE EXISTIÓ UN HOMBRE. Es el regalo gratuito y magnífico que nos ha hecho este hombre, y no una legión de hombres. [Les legendes épiques, en EV, 25]
El hombre del que habla Bédier es, incontestablemente, el anónimo autor del manuscrito de Oxford al que el filólogo dio preeminencia por encima de todos los testimonios conservados de la leyenda rolandiana. En su edición, Bédier combina su carácter innovador a su marcado patriotismo: se opone a sus predecesores franceses al presentar una interpretación laica del texto; frente a los alemanes, matiza el racionalismo dado por éstos a la lengua del manuscrito de Oxford. Su edición es una auténtica apología de la escritura, de la escritura de un hombre, un poeta, dedicado concienzuda y amorosamente a su obra.
Entre ese mismo año y 1924 trabajó, junto a su antiguo compañero de la École Normale, Paul Hazard, en una nueva Histoire illustrée de la littérature française de la que únicamente se reservó para sí el capítulo dedicado a los cronistas y, curiosamente, el dedicado a Boileau, probablemente a causa de su desbordante trabajo o deseoso de dar una oportunidad a sus colegas de talento. Por ello cedió a Faral y a su protegido Louis Foulet las partes específicas que versan sobre la Edad Media. Hay un contraste evidente entre el Bédier de antes y el de después de la guerra. Después de 1918 la carrera del romanista se inclinó más a ejercer una función pública: se multiplican los reconocimientos de instituciones públicas, francesas y extranjeras. En 1929 es elegido director del Collège de France, tarea a la que se dedicó con su habitual sentido del deber a lo que hay que añadir el hecho de que su nombramiento coincidiera con un momento de total renovación de la institución. Él, que siempre reconoció su dificultad para las matemáticas, se convirtió en un fino contable. Fue bajo su dirección que se creó un puesto de profesor de "Poética" que ocupó Valéry, a pesar de las diferencias intelectuales que existían entre ambos. Se lanzó de lleno a la tarea de director porque estaba convencido de que el Collège de France era "el honor de Europa" [FL, 13] a pesar de que la realidad era otra muy distinta. 

Sin embargo, su dedicación administrativa al Collège y su papel de académico fueron en detrimento de su propia carrera investigadora. A partir de 1928, Bédier apenas escribe nada relevante. En 1936, con setenta y dos años, se retira y abandona con resignación, y con todos los honores, el centro al que había dedicado más de treinta años de su vida. Parecía que ahora tendría el tiempo y la salud suficiente para dedicarse a los proyectos abandonados, para reanudar las polémicas que había dejado, ocupado en otros quehaceres. Sólo un pequeño trastorno le obsesionaba: le habían prohibido fumar. Sin embargo, contra todo pronóstico, no llegó a tener el tiempo necesario para ello, puesto que murió de repente en Grand Serre el 29 de agosto de 1938 a causa de una congestión cerebral.

domingo, 4 de septiembre de 2016

Personajes Tristan de Leonis en "Tristan e Isolda"


Rey Marcos: poderoso rey del reino de Cornulla, gentil y noble. Es el tío de Tristán.

Rivalín: señor de Leonis, él ayudó a Marcos para así, poder conseguir la mano de Blancaflor la hermana de este. Logra casarse con ella. Rivalín muere en una dura guerra.

Duque Morgan: viejo enemigo de Rivalín. Morgan es el asesino de Rivalín (el padre de Tristán), por lo que Tristán decide vengar la muerte de su padre matando al duque.

Roal: es el mariscal de Rivalín, lo llamaba Feguardante por su fidelidad.

Tristán: hijo de Rivalín y Blancaflor. Al morir su madre fue entregado a una viuda para que lo amamante. Luego de que el pequeño cumpliera tres años Roal lo entrega a Governal, quien seria su amigo y maestro. A los 15 años Tristán decide ir a Cornulla, en busca de su tío, el Rey Marcos.

Governal: maestro y amigo de Tristán, lo acompaña en todas sus aventuras, le brinda su fidelidad y amistad.

Dinas de Lidán: un caballero joven, sumamente fiel y prudente, es también amigo de Tristán.

Gormon: rey de Irlanda, estaba casado con la hermana de Morholt. Gormon era temerario y fuerte.

Morholt: mas que un hombre parecía un gigante. Era temido por todos los caballeros. Tristán lo desafía a duelo, ganándolo.

La reina Iseo: era la hermana de Morholt, esposa de Gormon.

Iseo la Brunda: era la hija de Morholt. Era una muchacha muy bella. Desde la muerte de su padre le juro venganza al joven Tristán.

Tantris: el falso nombre que utilizo Tristán, en Irlanda, para que no lo reconocieran como el asesino del gigante.

Senescal Aguynguerren: el rojo, sumamente cobarde, esta enamorado de Iseo.

Brangel: la fiel doncella y amiga de Iseo la rubia.

Los siervos: La reina Iseo la rubia, les pidió que maten a Brangel, ellos no se atrevieron.

Andret: uno de los felones, era parte de la corte del Rey Marcos. Fue uno de los que influencia al rey contra Tristán e Iseo, y causo muchos males contra los amantes.

Enano Frocin: astrónomo, descubre el engaño, los encuentro secretos entre Tristán e Iseo.

Ganelón: uno de los felones, formaba parte de la corte del Rey Marcos.

Godoine: uno de los felones, formaba parte de la corte del Rey Marcos

Denoalen: uno de los felones, formaba parte de la corte del Rey Marcos

Iván: leproso que le propone al Rey Marcos, entregar a Iseo a él y a su comunidad como castigo por su traición.

Frai Ogrín: ermitaño que les propone a Tristán e Iseo como solución el arrepentimiento.
Husdén: el fiel perro que poseía Tristán, se lo entrega a Iseo como muestra de su eterno amor.

Florestero Onrri: amigo de Tristán le brinda cobijo en su casa, escondiéndolo del rey y de sus felones.

Perinis: pertenecía ala corte del rey le comunicaba los mensajes de la reina en secreto a Tristán.

Rey Arturo: noble caballero que le brinda defensa a la reina Iseo.

Galván: conformaba parte de la corte del rey Arturo.

Girfut: conformaba parte de la corte del rey Arturo.

Ivan, hijo de Urien: conformaba parte de la corte del rey Arturo.

Florestero: descubre el escondite de Tristán e Iseo llevando hasta este al Rey Marcos.

Petit-Cru: mítico animal, otorgado por un hada al Duque Gilán, con su cascabel mágico borraba las tristezas y llenaba de felicidad a quien este en su presencia.

El Gran Orgullo: temerario que coleccionaba la barba de sus derrotados. Fue muerto por Arturo.

Ermitaño: le brinda cobijo a Governal y Tristán en Bretaña.

Duque Hoel: duque de Bretaña padre de Iseo de Blanca Manos y Kaherdín.

Riol: vasallo que pretendía a la hija del duque Hoel.

Kaherdín: hijo del duque Hoel, hermano de Iseo de Blancas Manos.

Picolet: loco, se hace pasar Tristán por el.

Aqui les dejo un video!

martes, 30 de agosto de 2016

Resumen: "La Odisea"


La Odisea ha sido descrita como el libro de la inteligencia y la astucia. La historia que narra ocurre luego de la caída de Troya en una guerra en la que Ulises, también conocido como Odiseo, se había destacado por lograr con su mente lo que no pudo lograrse por la fuerza.

Empieza con el pedido del poeta a la musa para que empiece la historia del gran héroe Ulises que estuvo mucho tiempo después de la destrucción de Troya lejos de su país y de su esposa se encuentra ahora en una cueva en el poder de la bella ninfa Calipso que le quería como marido.

Durante la reunión de los dioses a excepción de Poseidón que había ido al país de los etíopes a un banquete de toros y carneros; Atenea en esta reunion habla en favor de que Ulises para que este pueda regresar a su hogar. Zeus y los demás dioses se compadecen de él y aceptan la propuesta de la sabia diosa. 

Entonces con la aprobación de los demas dioses, Atenea decide ir disfrazada de un rey este siendo Mentes para descender a Itaca para decirle a Telémaco, hijo de Ulises, que vaya a buscar a su padre y que hay una esperanza de que este estuviera vivo.

Al llegar Atenea, se encuentra con la casa llena de los pretendientes de la madre de Telemaco quien es esposa de Ulises, la bellisima Penélope quien astutamente ha retrasado la decisión de volverse a casar. Telémaco decide contarle a Atenea, que los pretendientes destruyen su casa y sus posesiones.

Mentes o Atenea predice el regreso de Ulises y le aconseja que actúe como un hombre y que presente su caso a la asamblea. Penélope entonces oye desde lo alto de la casa una canción que la entristece y baja a pedirle al bardo Femio que deje de cantar. Telémaco aprovecha entonces la ocasión para reafirmarse a sí mismo y le dice a su madre que suba a sus habitaciones y le deje esos asuntos a él pues tiene el mando de la casa ya que su padre no esta.

Entonces Telémaco mando que los heraldos de voz clara convocasen al ágora, siendo la primera vez que se hace desde la partida de Ulises muchos años atrás; les pide a los pretendientes que dejen de desperdiciar sus bienes y demanda que se vayan de su palacio inmediatamente.

A lo que Antínoo y Eurímaco, unos de los pretendientes de su madre, le responden con burlas y desprecio diciendo le que Penélope podría resolver el asunto si tan solo escoge un nuevo marido. Haliterses entonces les vaticina el regreso de Ulises y la matanza segura que ellos tendran. En el ágora desafortunadamente no le proporcionan el barco a Telémaco para ir en busca de noticias sobre su padre, por lo que decide pedirle ayuda a Atenea, quien todavia en su disfraz de Mentor, supuesto viejo amigo de su padre y responsable del cuidado de sus propiedades, le consigue prestado el barco y a una tripulación.  Entonces Telémaco parte a hurtadillas y de noche.

Cuando helios, abandonaba su lago brillante, Telémaco y Mentor llegan a Pilos e invitados por Néstor, participan en una hecatombe para Poseidón. El rey Néstor les relata el regreso de otros héroes desde Troya y la muerte de Agamenón, pero no tiene información específica de Ulises.

Él entonces decide sugerir les que vayan a Esparta a hablar con Menelao, quien acaba de regresar de unos largos viajes. Atenea se desaparece de momento. Impresionado que un joven esté escoltado por una diosa, Néstor entonces arregla que su hijo Pisístrato acompañe a Telémaco en su camino a Esparta.

Llegados a la vasta y cavernosa Lacedemonia, Telémaco y Pisístrato se dirigieron a la casa del rey Menelao quien les hospedó y les relata sus viejas experiencias con Ulises de la guerra troyana. Al siguiente día, Menelao les cuenta como el dios Proteo, el viejo del mar, le reveló que Ulises era cautivo de Calipso.

Mientra tanto en otro lugar precisamente en Itaca, los pretendientes se dan cuenta que Telémaco zarpó y hacen planes para matarlo cuando regrese. Penélope se postra de terror al enterarse de estos planes, pero Atenea decide calmarla a través de un sueño.

Entonces llega la siguiente reunión de los dioses, Atenea sigue insistiendo en ayudar al pobre de Ulises. Zeus entonces por pedido de su hija le pide a Hermes que le diga a la ninfa Calipso que lo libere, y vaticina que en veinte días llegará con los feacios quienes lo ayudarán a llegar a Itaca. Calipso le dice a Hermes que los dioses le tienen envidia pero asegura que hará lo que Zeus le pide y ayuda a Ulises a construir una balsa, le da víveres y lo aconseja.

Después de navegar dieciocho días Ulises ve tierra cuando Poseidón lo ve a él en la balsa y provoca una tormenta que la destruye. Entonces Ino Leucotea, ninfa marina, le da un velo inmortal para que ayude a Ulises a llegar a tierra lo que logra después de dos días en el mar. Finalmente, llega a la costa de Esqueria, donde cansado decide cubrirse con hojas y cae dormido bajo unos árboles.

En un sueño, Atenea visita a la princesa Nausica, hija de Alcínoo, rey de Esqueria lugar donde se encuentra Odiseo entonces, y urgiéndola a tener sus responsabilidades como mujer en edad de casarse. Al despertar, Nausica le pide a su padre un carro con mulas para ir a lavar la ropa al río. Mientras ella y sus esclavas descansaban y jugaban a la pelota, Ulises se despertó y le pidió ayuda a la bella princesa.

Nausica se muestra impresionada por su forma de hablar entonces, le da alimento y ropas, y le pide que la siga hacia la casa del rey y le aconseja cómo pedirle a su madre, la reina, hospitalidad. Le indica un bosque consagrado a Atenea a las afueras de la ciudad donde puede descansar. Ulises aprovecha la ocasión para rogarle a la diosa que lo reciban y lo ayuden a llegar a su patria.

Atenea otra vez disfrazada pero en esta ocasion de una joven doncella, conduce a Ulises al palacio del rey Alkínoo. Ulises solicita la compasión de la reina Arete quien nota que lleva puestos ropas que hizo ella misma entoces razonablemente le pide una explicación de su viaje y de como llegó a Esqueria.

Ulises les relata su cautiverio en la isla de Calipso, su reciente liberación, la tormenta y la ayuda de Nausica. El rey Ancínoo se impresiona del relato y del hombre que lo cuenta y le ofrece a Ulises la mano de su hija o en si lo prefiere, la ayuda para llegar a su patria. Los feacios en este momento todavía no saben el nombre de Ulises.

Al día siguiente, Alkinoo ordena una fiesta y la celebración de juegos en honor a su nuevo huésped ;Sacrificó doce ovejas, 8 cerdos de blandos dientes y dos bueyes. Entonces Laodamante provoca a Ulises y cuando éste se enoja, les gana en el lanzamiento de disco.

En el banquete el aedo Demódoco canta una historia cómica sobre los amoríos ilícitos de Ares y Afrodita, esposa de Hefesto. Los feacios le dan muchos regalos a Ulises mientras Nausica le ruega que nunca se olvide de que fue ella la que lo salvó. En el festín, Ulises le solicita a Demódoco que cante sobre el caballo de Troya.

Cuando Alcínoo ve que Ulises esta llorando pide que el aedo deje de cantar pues lo que canta a lo mejor no es grato para todos. Solicita a Ulises a decir quién es y cuáles son sus desventuras.

Ulises revela su identidad y empieza a contar sus tres años de odisea, empezando desde la caída de Troya hasta que llegó a la isla de Calipso.
Navegando desde Troya en doce barcos, llegó a Ismaro, donde saquearon la ciudad de los cícones. Después llegaron al país de los lotófagos, y algunos hombres cayeron en la tentación y comieron loto, con lo cual ya no querían regresar a los barcos y tuvieron que ser obligados. De ahí fueron a la isla de los cíclopes. Ulises les pidió a sus compañeros que lo esperaran en los barcos mientras él iba junto con doce de sus mejores hombres a ver si les ofrecerían hospitalidad. Polifemo, el gigante de un solo ojo, hijo de Poseidón, los encerró y se comió a varios, lo que hizo que Ulises lo engañara y al escapar lo dejara ciego.

Invitados por un mes en la isla de Eolia, el rey de los vientos, Eolo Hipótada, le regala a Ulises todos los vientos dentro de una bolsa excepto descaradamente el que los puede llevar a Itaca. Mientras este duerme, los hombres revisan la bolsa pensando en los tesoros que podría tener y liberan todos los preciados vientos.

Llegando a la isla de los lestrigones, gigantes antropófagos quienes matan y se comen a la tripulación de once barcos. Ulises y sus hombres huyen a la isla Eea, donde fueron algunos hombres hechizados por Circe, hija del Sol, que los convierte en cerdos.

Ayudado por unas hierbas mágicas dadas por Hermes, Ulises logra oponerse a Circe y libera a sus compañeros salvando les de las garras de la mujer. Al cumplirse un año, Ulises le pide a Circe que lo deje partir y lo ayude a llegar a su patria. A lo que Circe responde que primero deben de ir a la morada de Hades para consultar el alma del tebano Tiresias, adivino ciego y lo instruye para llegar sin tropiezos a la morada. Cuando Ulises manda a su tripulación a hacer lo que dice la hechicera, Elpénor, el más joven de todos se resbala y penosamente muere.

Apenas llegaron del mar a Kimerios, Ulises decide invocar a los espíritus de los muertos. El primero que aparece es Elpénor que le suplica a Ulises que lo entierre y lo queme. El adivino Tiresias le predice su porvenir a Ulises. 

Después Anticlea, que había muerto esperando el regreso de su hijo a Itaca. Enviadas por Persefonea, esposas e hijas de héroes quienes le contaron quienes eran.

Se interrumpe el relato en la celebracion y la reina Arete solicita se le den obsequios a Ulises. El rey Ancínoo le pide le siga contando las hazañas, y Ulises cuenta como se le acercó Agamenón y le relató su muerte, dándole consejos para que a él no le suceda lo mismo. Aquileo le pregunta sobre su hijo Neoptólemo y sobre Peleo. También vio la imagen del fornido Heracles, ya que él se encuentra con los dioses.

Ulises regresó a Eea e hizo lo que le pidió el alma de Elpénor. Circe le aconseja como manejar los problemas que se le van a presentar. Cuando van a pasar cerca de las sirenas, les tapa los oídos con cera a la tripulación para que no oigan su canto y entonces él mismo se amarra al mástil.

Después de que al fin huyeron de Caribdis y de Escila, llegaron a la isla del Sol. Ulises trató de que sus hombres obedecieran lo que Circe había dicho pero estos necios no le hicieron caso y mientras Ulises dormía se comieron a las vacas prohibidas. Huyen de la isla pero Zeus los castiga desatando una tormenta que hace que el barco se hunda. Ulises es el único que se salva y llega a la isla de Ogigia, donde Calipso lo retiene siete años.

Al día siguiente, Alkinoo le da todos los presentes a Ulises y se despide de él y de los hombres que lo van a llevar a Itaca. Vencido por el sueño, los faiakienos lo bajan del barco junto con los regalos y lo dejan en la playa. Cuando Ulises se despierta, no reconoce su tierra.

Atenea nuevamente disfrazada pero esta vez de un joven pastor le explica a Ulises donde está, después se da a conocer y lo ayuda a esconder los tesoros recibidos. Ella lo transforma en un viejo mendigo para que nadie lo reconozca y pueda planear como deshacerse de los pretendientes.

Entonces Ulises se alejó del puerto hacia las porquerizas que le indicó Atenea a buscar a Eumeo, de quien recibe hospitalidad e información de cómo está la situación local. Sin darse a conocer, Ulises disfrazado de mendigo, inventa la historia de que es cretense y le dice que Ulises va a regresar. El duerme en las porquerizas, mientras que Eumeo se va a dormir con los puercos al monte.

Atenea se dirige a Lacedemonia, apareciendo le en un sueño a Telémaco y le dice que debe de regresar de inmediato a Itaca, también le advierte de la emboscada de los pretendientes que desean su muerte. El y Pisístrato se despiden de Menelao y de Helena, quienes le dan regalos.

Se dirigen a Pilos donde Telémaco se despide de Pisístrato y sin acercarse a Néstor para que éste no lo retenga ni un momento, sube de inmediato en su embarcación para dirigirse a Itaca su hogar. En el momento de embarcar acoge al adivino Teoclímeno, que le pide ayuda para huir. Mientras Ulises y Eumeo se platican historias, Telémaco sortea la emboscada y al llegar a Itaca sigue los consejos dados por Atenea y se dirige a la porqueriza.

Telémaco llega con Eumeo y le pide avise a su madre de su llegada. Cuando Eumeo se va, Ulises se transforma en él mismo y le dice a Telémaco que él es su padre. Sólo ellos dos saben la verdad y piensan lo que van a hacer para derrotar a los descarados pretendientes, quienes están atónitos de que haya fracasado su plan. Penélope los increpa sobre el querer dar muerte a su hijo. Eumeo cuando regresa a la porqueriza, les informa que vio llegar una velera llena de hombres.

A la mañana siguiente, Telémaco regresa al palacio y le cuenta a Penélope lo que le dijo Menelao. Teoclímeno profetiza como planeado que Ulises vive. Mientras va hacia la ciudad, su cabrero lo insulta y le da una patada.

El único que lo reconoce al llegar es su fiel perro Argos, que haciendo un último esfuerzo le mueve la cola justo antes de que este muera. Durante el banquete de los pretendientes, Ulises se pasea entre ellos solicitando su caridad. Antínoo lo desprecia pero lo defiende Penélope, que le solicita, a través de Eumeo, le cuente si sabe algo de su esposo.

Iro, mendigo que andaba por todo el pueblo, resiente que Ulises se encuentre en el palacio, y lo provoca a una pelea. Para mantener su oculta identidad, Ulises trata de no llamar la atención y gana la pelea. Penélope le dice a su hijo que no debe dejar que los pretendientes traten así al huésped y a ellos les solicita le entreguen los regalos que le corresponden. Melanto, esclava de la casa que mantiene amores con uno de los pretendientes, zahiere a Ulises quien se enoja. Eurímaco también lo provoca pero Telémaco lo reprende.

Padre e hijo esconden todas las armas que estaban en la sala. Ulises habla con Penélope y le cuenta historias ficticias. Penélope le exige una prueba de que conoció a Ulises y éste le relata cómo era el manto que traía y quién era su heraldo. La reina ordena a Euriclea que le lave los pies, lo que la nana hace y así ve una cicatriz que a Ulises le hizo un jabalí cuando era pequeño.

Ella lo reconoce, por lo que Ulises le pide guarde el secreto. Penélope le cuenta un sueño que tuvo y entre ellos dos discuten su significado. Penélope decide hacer una contienda entre los pretendientes y él que gane, se casará con ella.

Entonces sin poder dormir, Ulises le solicita a Atenea su ayuda para matar a los pretendientes. Mientras Penélope le ruega a Artemis, morir para no sufrir más. Melantio, el cabrero, increpa a Ulises. Y Filetio, el boyero, lo trata bien pero los pretendientes vuelven a insultarlo. Teoclímeno, el adivino, presiente una desgracia y les advierte pero los ignorantes pretendientes se ríen de él.

Atenea entonces inspira a Penélope para que diga a los pretendientes que el que pueda armar, tensar el arco y el hierro y disparar una flecha entre el centro de doce hachas, será el que gane la contienda y se casará con él.

Telémaco trata de hacerlo pero una señal de Ulises lo detiene. Los pretendientes intentan armar el arco y ninguno lo logra. Ulises se identifica con Eumeo y Filetio, les dice que deben de cerrar las puertas a una señal suya. 

Los pretendientes se molestan cuando ven que el mendigo quiere tensar el arco pues dicen los humillaría si él pudiese hacerlo y se llegara a saber.
Mientras Ulises arma el arco, les hace una seña a sus fieles y éstos cierran las puertas y Euriclea encierra a las mujeres. Ulises dispara la flecha que pasa por los blancos. Los pretendientes tienen miedo. Telémaco, a una señal de su padre, se sitúa junta a él.

Ulises se despoja de sus haapos y le dispara una flecha a Antínoo que cae muerto. Ulises les dice a los pretendientes quién es él y Eurímaco, le contesta que le asiste la razón, que los deje vivir y que cada pretendiente le devolverá veinte bueyes, bronce y oro para resarcir lo que ellos devoraron. Ulises no escucho y lo mata.

Telémaco va por más armas para los cuatro y se desata la gran batalla. Melantio llega a donde están las armas y se las da a doce pretendientes, cuando va por más, es capturado por Eumeo y Filetio quienes lo castigan. Todos los pretendientes son asesinados, excepto Femio, el aedo, y Medonte, el heraldo. Ulises le pide a Euriclea, le diga quienes de las mujeres eran traidoras y le pide que las traiga para limpiar y llevarse los cadáveres. Doce fueron ahorcados y Melantio fue mutilado hasta que murió. La casa fue purificada con azufre.

Y la anciana, llena de alegría despierta a Penélope para informarle que Ulises había regresado y que ya había matado a los pretendientes. Ella no lo cree y se muestra con mucha precaución ante Ulises.

El dice el como fabricó su lecho nupcial y ella ya le cree. Ulises manda que se toque música y que dancen las esclavas para que la gente que pase por ahí crea que celebran una fiesta. Solos en la noche, Ulises le relata sus aventuras y le dice que debe cumplir con la profecía que le había hecho Tiresias cuando fue a la morada de Hades. A la mañana siguiente, acompañado de su hijo y los pastores va a buscar a su padre Laertes.

El kilenio Hermes guía a las almas de los pretendientes quienes le seguían temblorosas, donde éstos le relatan su suerte a Agamenón y Aquiles. Mientras tanto, Ulises va a casa de Laertes y lo encuentra triste y empobrecido. La noticia de la matanza se ha propagado y el padre de Antínoo llega a buscar venganza. Empieza una nueva batalla. Laertes mata a Eupites. Atenea y Zeus, ayudan a hacer una tregua y hacen que se selle para siempre la concordia entre ambos bandos.


Mientras en el Hades las almas de Agamenón, y de los pretendientes conversaban sobre lo que había pasado en la casa de Ulises. Cuenta Anfimedonte a Agamenón que esta allí por pretender a Penélope y le cuenta cómo fue la vuelta de Ulises, cómo Telémaco se le adelantó, etc.



Cuando Ulises y los suyos se dirigen al campo a encontrarse con el anciano Laertes, padre de Ulises. Ulises se dirige al huerto en donde estaba su papá, lo encontró solo “aporcando” una planta, Ulises lo ve y le saltan las lágrimas. No sabía si correr a abrazar a su padre y contarle todo, o interrogarle para ver si lo reconocía. Decidió esto último.



Ulises: “ Oh anciano, no le falta pericia para cultivar un huerto… este esta muy bien cuidado … ¿de quien eres ciervo? … “Ulises le dice que conoció al hijo de Laertes y que lo hospedó en su palacio, le dice que esta buscándolo.



Laertes le dice que esta en la tierra que busca pero que esta dominada por unos hombres insolentes y malvados…



Ulises no soporta que su padre llore y se aflija y dando un salto lo beso y le dice que el es su hijo… Laertes le pide una señal.

Ulises le muestra la herida que le hizo el jabalí, y le enumera los árboles que una vez le regaló: 13 perales, 10 manzanos, 40 higueras, 50 liños de cepas de vid.


Ulises come con su padre, mientras en la ciudad corre la noticia de la muerte de los pretendientes, cada uno entierra a sus muertos y van al ágora.



Eupites padre de Atínoo llorando dice que hay que encontrar a Ulises antes de que se vaya a Pilos. Luego habló Medonte, diciendo que Ulises pudo hacer esta hazaña gracias a los dioses, diciendo que él mismo vió al dios Mentor ayudarlo.



Luego habló el héroe Haliterses Mastórida, el único que conocía el pasado y el futuro, y dijo: todo ocurrió por vuestra debilidad, itacenses, nunca nos escucharon cuando les dijimos de poner fin a las locuras de sus hijos, quienes con perniciosos orgullo cometieron una gran falta, devoraron los bienes, ultrajaron a la mujer del eximio Ulises, etc.



La mitad estuvo de acuerdo, pero los otros junto a Eupites tomaron las armas. Mientras tanto Atenea le dice a Zeus ¿vas a llevar a cabo esta guerra?

Zeus: ¡pero no lo planificaste vos? Bueno hagamos que se olviden de la matanza de los hijos y de los hermanos, que se amen los unos a los otros, y que haya paz y riqueza.
Baja Atenea rápido a encontrarse con Ulises.
Ulises termina de comer y manda a ver si vienen los que quieren vengar las muertes.


Se visten con armaduras. Atenea le dice a Laertes que arroje su lanza, éste hiere a Euripes. Cuando están por comenzar el enfrentamiento, Atenea les habla diciéndoles “Dejad la terrible pelea, oh itacenses, para que os separéis enseguida sin derramar sangre”



Poseídos por el temor las armas volaron de las manos y cayeron a la tierra.

Ulises grito horriblemente y se lanzó a perseguirlos, Zeus despidió un rayo y entonces Atenea le dice a Ulises:
“ Laertíada, del linaje de Zeus, Ulises fecundo en ardides, tente y haz que termine esta lucha … no sea que Zeus se enoje contigo…”

Ulises alegre en su aniño cumplió la orden. Juraron la paz ambas partes por pedido de Atenea quien había tomado el aspecto y la voz de Mentor. 

En conclusión, “La Odisea” narra la historia de Ulices después de la guerra de Troya y todos las hazañas y aventuras que tuvo en camino a su casa. También da a conocer un lado de venganza cuando al final todos los pretendientes que tenia Penelope son asesinados por el mismo, por eso este libro es uno de los principales al narrar la cultura Griega ya que, narra monstruos o seres míticos como brujas, ciclopes, etc. Pero también cuenta sobre la influencia de los dioses del Olimpo en los humanos, como lo creían los antiguos Griegos, todo en un contexto histórico dado sobre la famosa Guerra de Troya, donde Ulices es quien le da la victoria con su ingenio a su patria.

Aqui les dejo un video sobre el tema!







miércoles, 24 de agosto de 2016

Concepto de Literatura


La palabra literatura proviene del término latino “litterae", que hace referencia a la acumulación de saberes para escribir y leer de modo correcto.

El concepto posee una relación estrecha con el arte de la gramática, la retórica y la poética.

No hay absolutamente nada que constituya la esencia misma de la literatura. Literatura es cualquier texto que, por una razón u otra, alguien tiene en mucho. Éste término se refiere al papel que desempeña un texto en un contexto social, a lo que lo relaciona con su entorno y a lo que lo diferencia de él, a su comportamiento, a los fines a los que se puede destinar y a las actividades humanas que lo rodean.